Kilian Jornet sube al Everest sin oxígeno

Sin oxígeno artificial, sin cuerdas fijas, prácticamente sin pararse, con un fuerte malestar en el estómago, Kilian Jornet volvió a cuestionar los límites de la condición humana. El atleta catalán hizo cumbre en la montaña más alta del mundo, los 8.848 metros del Everest, en 26 horas de ascensión. Nunca nadie se había planteado un reto de esta magnitud.

El punto de partida fue el antiguo monasterio de Rombuk, a 5.100 metros de altitud. Jornet arrancaba a las diez de la noche en hora local, aprovechando el buen tiempo que anunciaban los meteorólogos. Era el momento esperado. En poco más de cuatro horas y media completó los 15 kilómetros que separan Rombuk del campo base avanzado, situado a 6.400 metros. Allá descansó dos horas para regular bien los esfuerzos y retomó la carrera para afrontar ya la parte más técnica del recorrido. Dejó atrás el campo 1 y después el 2, donde, a 7.800 metros, lo esperaba Seb Montaz, el encargado de grabar una parte de la ascensión e informar del estado de salud del catalán.

Buen estado de forma y motivación alta

Las sensaciones ya no eran las mejores. “Hasta 7.700 metros me he encontrado muy bien y avanzaba según el plan previsto, pero a partir de aquel punto me he empezado a encontrar mal, supongo que por un virus estomacal”, decía Jornet.

El Everest era el sexto de los siete retos que se propuso Jornet en 2012 con el proyecto Summits of My Life. Primero fue el Mont Blanc, cuando encadenó las ocho cumbres del macizo francés en una travesía de 42 kilómetros en menos de nueve horas. Era el segundo intento de conseguirlo, puesto que tres meses antes el atleta catalán había perdido su amigo Stéphane Brosse durante la ascensión a Mont Blanc. El suelo cedió y el francés cayó por un precipicio de más de 500 metros.

A pesar del golpe emocional que supuso la pérdida de Brosse, Jornet decidió continuar con el proyecto y volver a afrontar la travesía por el macizo alpino. El año siguiente volvió a encararse con Mont Blanc, esta vez en una ascensión directa en menos de cinco horas desde Chamonix. El agosto de aquel 2013, puso la tercera cruz a la lista: la cumbre del Cerví fue una realidad en menos de tres horas. Aquel mismo año no pudo añadir el Elbrús: las condiciones meteorológicas lo obligaron a descartarlo y es ya el último reto antes de completar el proyecto. En 2014 consiguió los récords del McKinley y el Aconcagua, a pesar de que, apenas un año más tarde, el ecuatoriano de origen suizo Karl Egloff rebajó el tiempo de Jornet en la cumbre argentina.

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